La inolvidable proeza de aquel que no olvidaba nada
Ciencia

La inolvidable proeza de aquel que no olvidaba nada

Este breve relato de la vasta memoria de un hombre tiene toda una historia detrás. Durante casi treinta años, el autor tuvo la oportunidad de observar sistemáticamente a un hombre cuyo recuerdo notable era uno de los más agudos que la literatura sobre el tema ha descrito”. Así introducía A. R. Luria (uno de los pioneros de la neurociencia cognitiva) su libro  “La mente de un mnemonista” , publicado en 1968. Era el resultado de plasmar por escrito el caso clínico de un hombre con una inabarcable capacidad memorística: el sujeto podía recordar palabra por palabra el discurso que minutos antes había pronunciado una persona, recordar cualquier detalle de su vida personal o recitar una amplia cadencia numérica con solo un breve vistazo. Aquel hombre se llamaba Salomon Shereshevski, nació en Rusia en 1886 y su vida galopó entre las incipientes aspiraciones a ser violinista, el desempeño profesional como periodista, el aprovechamiento de su habilidad para ganar dinero como mnemonista profesional, o la dedicación como taxista en Moscú.

Retrato de Salomon Shereshevsky, de joven

A. R. Luria lo descubrió alrededor de los años veinte, cuando aún estaba iniciándose en el campo de la investigación neuronal. Un día, recibió en su laboratorio la visita de Salomon, quién iba encomendado por el editor de su periódico para realizarse un test de memoria. Le argumentó que dicho editor, en las matutinas reuniones editoriales, se enfadaba con él porque no tomaba notas cuando recibía las instrucciones. Él, en una muestra de profesionalidad, le repitió todo el discurso palabra por palabra, recitando hasta el más mínimo detalle, dejando atónito a su interlocutor. 

En la consulta, Luria le sometió a una serie de pruebas: le indujo a memorizar matrices de 70 dígitos, fórmulas científicas complejas, incluso poemas en lenguas extranjeras. Lo hizo en cuestión de minutos, y no solo eso, también podía recitarlo en orden inverso. 

El neuropsicólogo documentó todos los detalles de la gran capacidad de Salomon (o “S”, como recoge en sus notas), información que le valió para diagnosticarle  sinestesia , la rara cualidad mental por la que se experimenta una asociación y confusión de los sentidos, es decir, un estímulo experimentado por uno de los sentidos provoca un efecto en otro. José Ramón Alonso lo describe de este modo: “así, por ejemplo, cada uno de los colores se acompaña de un olor característico. Él veía los números con personalidades características (el 1 era un hombre envarado y rígido; el 2, una mujer sensual y alegre; el 3 un hombre mustio, oscuro; y así sucesivamente). En su caso, las palabras oídas o leídas generaban un color brillante y una sensación llamativa en el gusto, lo que hacía más fácil recordarlas”.  Artistas como Van Gogh, Kandinsky o Vladimir Nabokov padecían algún tipo de sinestesia, podían pintar con un “amarillo chillón”, “oír la luz” o “fliparlo en colores”. 

Salomon Shereshevski codificaba automáticamente su entorno en imágenes mentales vívidas que duraban años en su memoria. Tal y como escribe Dominic O’Brien en su libro  Cómo desarrollar una memoria perfecta , “Si le pidieran que memorizara una palabra, no solo la escucharía, sino que también vería un color. En algunas ocasiones, también experimentaría un sabor en la boca y una sensación en la piel. Más tarde, cuando se le pidió que repitiera la palabra, tiene una serie de desencadenantes para recordarle “.

CÓMO TENER BUENA MEMORIA

Lo anterior nos da pistas sobre las tácticas a seguir para mejorar el recuerdo de algo, y en definitiva, de la memoria. La infografía que se muestra a continuación es una adaptación de las propuestas que José Ramón Alonso escribe en su libro  La Nariz de Charles Darwin .

Fuente: Elaboración propia a partir de datos del libro “La nariz de Charles Darwin” (José Ramón Alonso)
Utilizar varios sentidos a la vez
Al estudiar, muchas personas hablan en voz alta, se tocan el pelo, colocan una varita de incienso, comen un trocito de chocolate, fuman o beben café para memorizar unos apuntes. Están reforzando la capacidad memorística simultaneando varias entradas sensoriales.
Realizar caminos de asociaciones
Para memorizar ingentes cantidades de información, es muy útil conectarla entre sí, convirtiendo las palabras en imágenes y colocarlas en un recorrido o viaje por las distintas estancias de un gran edificio, por ejemplo. Esto los mnemotécnicos lo llaman “el palacio de la memoria”.
Usar pistas visuales
Si nos están presentando a alguien que se llama Miguel Santos, podemos imaginar a esa persona señalándose a sí mismo y luego asintiendo con la cabeza diciendo que está bien (¿mí?-well), y a continuación señala una mesa llena de figuras de santos.
Crear pequeñas historias
Una prueba habitual en los campeonatos de memoria es recordar tantos números como sea posible de una lista aleatoria. Nelson Dellis, campeón de Estados Unidos, consiguió memorizar 178 utilizando una pequeña historieta de paquetes numéricos. Él, por ejemplo, asocia números de dos cifras a pequeñas historias con un personaje famoso, una acción y un objeto. El 17, por ejemplo, puede ser un mono pelando un plátano. El 24 es Ana Belén bebiendo agua. Un número complejo como 172417 se puede recordar como Un Mono-bebiendo-un plátano.
Repetir, repetir y repetir
Cada vez que releemos unos apuntes, estamos reforzando los engramas de memoria, los circuitos cerebrales asociados a un recuerdo.
Examinarse de lo aprendido
Las sensaciones de excitación, de ansiedad, o la búsqueda del éxito que nos produce la exposición a un examen que evalúe un determinado conocimiento, hacen que el examen en sí se convierta por sí mismo en un refuerzo del aprendizaje, probablemente por el efecto emocional como componente accesorio de la memoria.
Evitar distracciones
Suena elemental pero se ha comprobado que ser distraído por otros pensamientos o por estímulos externos es el mayor enemigo a la hora de memorizar algo. Cada uno debe encontrar su sistema, lugar de trabajo, horario y ambiente que le ayude a evitar esas distracciones.
Ejercitar también el cuerpo
Aunque los ganadores de concursos de memoria se llaman a sí mismos atletas mentales, prácticamente todos ellos, al igual que los jugadores de ajedrez, están en buena forma física. Es el viejo adagio latino de Mens sana in corpore sano.

Sin embargo, lo que al principio pudo significar para Salomon una ventaja, se convirtió en un importante lastre. La imposibilidad de olvidar recuerdos no deseados le llevó a un estado de frustración y perplejidad. En su quehacer diario, mantenía un alto nivel de concentración prolongada, lo que le provocaba un alto grado de fatiga y cansancio mental. Una simple tos podía interrumpir su proceso mental y crear con ello un “borrón” de su memoria. Manifestaba problemas para relacionarse y comunicarse con los demás, ya que todos los recuerdos se le “agolpaban” en el cerebro haciéndole casi imposible mantener una conversación fluida con nadie. 

Por otro lado, la necesidad involuntaria de plasmar visualmente los conceptos y la “fusión” de sus sentidos le provocaba mucho desconcierto e incomprensión. Lo explicitaba así: “si leo cuando estoy comiendo apenas puedo comprender lo que estoy leyendo. El sabor de los alimentos ahoga y se mezcla con el sentido de las palabras”

Cuenta Luria en uno de sus apuntes que la esposa de Shereshevsky se empeñaba en explicarle lo que significaba la “nada”. Manifestaba, por tanto, una enorme inaptitud para comprender el lenguaje figurado, para abstraerse, generalizar o reflexionar.  Su memoria aparentemente prodigiosa le angustió con la incapacidad de pensar. 

Salomon dejó el periodismo, dejó sus espectáculos en bares, y acudió a tácticas y trucos para no recordar. Llegó al punto de anotar sus recuerdos en papel y quemarlos inmediatamente, en un esfuerzo desesperado por olvidar

¿ES BENEFICIOSO NO OLVIDAR?

Según el filósofo alemán Frederich Nietzsche, la historia debe ser recordada con necesidad de actividad. Es decir, la utilización de nuestros conocimientos para la perfección de nuestras actividades diarias es lo positivo de recordar y retener información. Nietzsche parte de otro argumento de autoridad, otorgado por el poeta alemán Goethe, quien esbozaba en uno de sus versos: “Por lo demás, detesto todo aquello que únicamente me instruye pero sin acrecentar o vivificar de inmediato mi actividad”.

Lejos de quedarse esto en la jerga filosófica del siglo XIX, la realidad es que según diversos estudios, los recuerdos que tenemos más “a mano” son con los que realizamos nuestro día a día. Así pues, podríamos ver nuestro cerebro como una especie de ordenador, en el cual está guardada y clasificada toda la información. A este ordenador le resulta más sencillo buscar y encontrar información que ha utilizado recientemente, puesto que puede localizar las carpetas de una forma más efectiva. 

El olvido, no es más que un archivo al que el ordenador le cuesta mucho llegar, ya que está bastante escondido. A pesar de haber nombrado el olvido, algunos psicólogos en la actualidad no ven conveniente la utilización de este término, ya que supondría la desaparición de datos de nuestro cerebro, cosa que no ocurre

Fuera de toda expectativa, hay ocasiones en las que nuestro cerebro se esfuerza por no recordar, por ejemplo, las malas experiencias. ¿Alguna persona ha recordado algo que prefería no haber recordado? Estas experiencias, en un sentido un poco más radical, son los llamados traumas. Estos traumas no son asimilados con total perfección por nuestro cerebro, así que pueden llegar a aparecer atisbos de esas sensaciones producidas por el propio trauma en momentos no deseados.

Retrato de Ebbinghaus

¿Sería mejor olvidarse de ellos? Hermann Ebbinghaus, un psicólogo alemán, en sus pioneros estudios sobre la memoria, allá por el siglo XIX, también se interesó, en gran medida, por los beneficios que nos otorga el olvido. Pese a los estudios posteriores que se han realizado a raíz de la “curva del olvido”, proporcionada por Ebbinghaus, el psicólogo alemán, planteaba que el olvido puede ayudar a aprender de mejor forma.  Aprender a desaprender también es otra forma de aprendizaje . Así pues, cuando olvidamos cómo hacer algo, en el momento en el que volvemos a reaprender dicha acción, esta se nos presenta de una forma más sencilla y entendible. Por ello, muchas veces se nos recomienda releer nuestros textos y trabajos, ya que, habiéndose despejado nuestro cerebro de la tarea, a la hora de retomarla, podemos analizarla con una perspectiva más amplia y otorgándole un sentido más objetivo.

Salomon Shereshevski murió en 1958. Sus últimos años los dedicó a ser taxista en Moscú, inmerso en un fuerte alcoholismo y en una depresión. Su caso, seguido muy de cerca por A. R. Luria durante treinta años, sirvió para documentar exhaustivamente un caso de hipermnesia (exceso de memoria), contribuyendo al desarrollo de los posteriores estudios cognoscitivos.

31/03/2019

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