NUESTRA HISTORIA

La primera historia que debemos contar, antes que cualquier otra, es la nuestra.

Punto Crítico se lanzó en diciembre de 2017. Pretendía ser una revista de artículos de opinión y reportajes semanales. Después de 3 cortos meses de vida, no siguió adelante. En su momento lo atribuimos a la inexperiencia, a la pobre coordinación del equipo, y a los nulos recursos de que disponíamos. No hay duda de que complicaron el proceso, pero el obstáculo más difícil iba a venir después: hacerse a la idea de que has fracasado. 

Tuvimos dos opciones: Ocultar que el proyecto nos sobrepasó, o asumirlo como aprendizaje. El periodismo de calidad no debe ocultar nada. 

Así que decidimos aprender. Nos hemos planteado miles de preguntas que aclaren el por qué no siguió adelante. Después de todo, la respuesta que hemos encontrado ha sido, paradójicamente, una pregunta: ¿por qué no nos cuestionamos más?

Sobre el pensamiento humano impera la hegemonía de la respuesta. Intentamos atribuir rápidamente causalidades, efectos y consecuencias a los acontecimientos. Unas veces acertamos y otras muchas no. Acarreamos ciertas limitaciones evolutivas que esterilizan este hecho: la exposición constante a situaciones de incertidumbre nos produce cierta fatiga cognitiva que hace que escojamos ir por el camino rápido de la intuición. 

Las presunciones en muchas ocasiones nos hacen olvidar un factor clave: las circunstancias. Un medio de comunicación no puede entenderse sin el contexto en el que nace. Asistimos a la consagración del espectáculo mediático: el caso Julen se convirtió en un Reality Show de gran audiencia, ocupando horas y horas en la parrilla televisiva. La clausura de Noticias Cuatro nos pilló impasibles, dejando que se apagase otra voz de las muchas que hemos apagado por el camino. El periódico es el ring donde lucha la política por ver quién aparece en portada, aunque ello afecte al equilibrio democrático. Valoramos noticias por la cantidad de veces que nos aceleran el pulso. Asistimos a un periodismo que hace años que no llega a fin de mes, aquejado de un débil sustento económico. Un periodismo cuya dependencia le obliga a taparse la nariz ante la pestilencia de las cloacas de Estado, en lugar de sanearlas con lejía. La democratización de la información ha puesto sobre el mantel mucha palabrería, un exceso de información que lejos de empoderar a los ciudadanos está causando el efecto contrario: funciona como una moderna artimaña de censura. La abundancia impide ver lo que falta. ¿Cómo podemos apreciar lo que no vemos?

Después de diagnosticar el terreno de juego, nos pusimos a remodelarlo todo, a plantear algo nuevo que revalorice el campo. El siguiente paso fue efectuar un ejercicio de honestidad: si queremos contarle la realidad de la gente a la gente, primero debemos conocer cuál es nuestra realidad. Partimos del premisa de que la realidad siempre será una convención parcelada e incompleta. Nos pusimos el cinturón para viajar a la metacognicion, un viaje reflexivo que consiste en pensar sobre cómo pensamos. Un periodista debe conocer la manera en que se acerca a la realidad para contarla, y asumir que nunca conseguirá retratar con verdad toda esa realidad. El periodismo de calidad es aquel que persigue acercarse al máximo a esa convención. Por tanto, Punto Crítico nace con el propósito de alzarse sobre los siguientes pilares: 
  • - Valores éticos: La escritura no genera verdad, sino una realidad concreta. Desde luego, es un acto de voluntad el modo en que construimos esa realidad. ¿Es el pensamiento el que la origina? Cuando escribimos no solo ordenamos las ideas, sino que damos vida a unos juicios que filtran el mundo. La honestidad es la única garantía de que nuestros pensamientos sean verdaderos, y se consigue con la pulcra admisión de la ética. No se puede estar exento de errores, pero sí de la falta de ética. 
  • - Transparencia: un medio de comunicación es el canal donde se encuentran emisor y receptor. Si el mensaje se obstruye por la existencia de algún tramo opaco (en el emisor, en el canal o en el receptor), corre el riesgo de perder su valor más esencial: la inteligibilidad. Si no comprendemos el mensaje, ¿cómo vamos a saber si es nos están mintiendo? 
  • - Responsabilidad social: todo ciudadano, por el hecho mismo de ser ciudadano, vuelca su conocimiento sobre el resto, de una u otra forma. Un periodista, antes que periodista es ciudadano. Interés general
  • - Verdad: el batiburrillo de intereses que siempre merodearon al periodismo han perjudicado su “modus operandis”. En muchas ocasiones, la verdad ha tenido que rendir cuentas, y no precisamente ha sido al lector. La presión de un poder económico con el que tienes un crédito bancario, la presión de un poder político que puede hacer que tu reputación desaparezca o la presión de un poder judicial que puede privarte de libertad, se imponen ante cualquier embestida de Verdad por muy fuerte que sea. Sin embargo, si hay algo que caracteriza al periodismo de calidad es su hincapié por impedir que dicha verdad caiga en un segundo plano. 
Después de todo, debíamos reforzar estos cuatro pilares, pero ¿cómo?. El objetivo era claro: blindar la calidad periodística frente a la corrosión que pueda sufrir en su puesta en el mercado. Propusimos varias líneas de actuación, que desembocaron en el diseño del siguiente mecanismo preventivo: 
  1. Foco y definición: las ideas son resultado de multitud de influencias. Dar luz a aquellas de interés general
  2. Usuario: en su día a día las personas requieren de conocimiento para afrontar diversas circunstancias. Cuanto mayor sea la utilidad de la información que dispongan, mejor rendimiento obtendrán.  
  3. Investigación y análisis: los datos son los que corroboran una opinión. 
  4. Lagunas Informativas: gestionar la ausencia
  5. Verificación y comparación: desnudar las fuentes y encontrar su ADN
  6. Elaboración y diseño: optimizar la experiencia de usuario
  7. Post-Evaluación: ¿qué impacto tiene la información?
Decía Martín Caparrós que “el periodismo es contar las cosas que muchos no quieren saber. Porque creen que no les interesa. Porque nadie se las contó bien”. Como si se tratase de una película, el relato periodístico debe mostrar plano a plano una realidad, sin inferir precipitadamente unas conclusiones. Debe exhibir con precisión los datos pertinentes para que la audiencia pueda sentirlos, entenderlos y reflexionarlos. Escritor y lector deben vacunarse de la nebulosa mental que vierte el actual estrés informativo. La atención es escasa, y muy pocos están dispuestos a desaprovecharla. 

Entendemos que la manera de sortear estos escollos es hacer del producto algo participativo. 

El lector, como en cualquier proceso comunicativo, ostenta un rol activo. Su energía, sus ideas y su tiempo enriquecen la información, las personas y las comunidades. Un producto que le proporcione la oportunidad para formar parte de la opinión pública, y en definitiva, de la democracia. Involucrarlo en esta actividad es la vía para empoderarlo. A fin de cuentas, su nivel de compromiso determinará la solvencia del medio. ¿Qué sería un periodismo sin lectores? Decía un proverbio chino: 

Dímelo y lo olvidaré

 Muéstramelo y puede que lo recuerde 

 Involúcrame y lo entenderé

En resumen, el pensamiento crítico manifestado a través de una infinidad de preguntas nos ha ayudado a impulsar un proyecto sin experiencia, sin apenas recursos y sin un amplio equipo. A día de hoy somos conscientes de que nos faltaron y nos faltarán preguntas. Pero consideramos que ese, y solo ese, es el camino.